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Resolución de Problemas

Resolución de Problemas

ALTERNATIVAS PARA LA RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS

La asistencia a terapia psicológica deviene de que las personas se encuentran atravesando por un conflicto que acontece a partir de situaciones sociales, que por lo general hacen referencia a las interacciones vinculares y producen tensiones, frustraciones y generan respuestas emocionales, que incluso, en ocasiones se intensifican y conducen a la respuesta intensa de tales emociones. “En la sociedad en general, el conflicto es inevitable a la condición y al estado natural del ser humano; sin embargo, la realidad ha demostrado que la convivencia es cada vez más compleja” (Fuquen Alvarado, 2003).

Ahora, para generar comprensiones y posteriormente encontrar maneras de transformación, es necesario entonces definir el término conflicto, este “proviene de la palabra latina conflictus que quiere decir chocar, afligir, infligir; que lleva a una confrontación o problema, lo cual implica una lucha, pelea o combate” (Fuquen Alvarado, 2003). También puede decirse que el conflicto se manifiesta como un estado emotivo, doloroso, fundamentado en contradicciones que pueden suscitarse en relaciones interpersonales y que refleja, muchas veces, es estrés que sobreviene de una situación particular, además surge a partir de discrepancias en percepciones, acciones o planteamientos distintos entre los individuos (Fuquen Alvarado, 2003).

En concordancia con lo anterior, y teniendo en cuenta la definición de Chi y Glaser (1986) citado por Varela Nieto, (s.f) “un problema es una situación en la que se intenta alcanzar un objetivo y se hace necesario un método para conseguirlo”, por tanto, es posible decir que el conflicto integra un problema; este incluye, por lo general, sentimientos de inseguridad, desasosiego, inestabilidad, confusión; es en este momento cuando se hace necesario encontrar y emplear métodos para clarificarlo.

De esta manera, es propicio decir que el conflicto permite la oportunidad de aprender sobre la propia experiencia, haciéndola más positiva, en la cual se da la opción a quienes integran el conflicto, de interactuar y promover alternativas que encaminen a la solución de la situación problemática (Fuquen Alvarado, 2003). No obstante, a veces, lo que se hace frente a un problema no funciona e impide que el conflicto se resuelva de manera adecuada. Cuando esto ocurre es probable que la tensión conlleve violencia, se produzcan sentimientos destructivos, aparezca la ansiedad, existan choques con la realidad, se vea la situación de forma catastrófica, se pierda la habilidad de negociar y se busquen salidas extremas (Fuquen Alvarado, 2003).

Es aquí cuando se precisan alternativas para la resolución de problemas que logren dirimir el conflicto, para ello, es indispensable realizarse preguntas que permitan poner en práctica habilidades que posibiliten soluciones, algunas son:
¿sé cómo obtener lo que deseo frente a un problema? ¿Sé comunicar lo que realmente quiero? ¿Tengo claro que quiero realmente? ¿Tengo claras mis prioridades? ¿Tengo dificultades para equilibrar lo que deseo? ¿Estoy tan ligado a la emoción que no me queda fácil razonar? ¿Lo que siento (estrés, angustia) es realmente intenso? ¿Mis pensamientos sobre consecuencias negativas me detienen para actuar? ¿Tienen más control la/las personas con las que estoy tratando? (Gagliesi, Pechón, Boggianno, Stoewsand, s.f).

Posteriormente, es importante orientarse hacia el problema, esto incluye creencias, pensamientos, emociones que muestran la percepción de las personas sobre los problemas que ocurren en la vida; por ello, describir el problema,
ayudará a comprender el origen y cuáles son las metas frente al mismo; en este punto, tener claro lo que se necesita que ocurra para sentirse bien, facilitará que se pueda pensar en tantas soluciones como sea posible, que servirán para la toma de decisiones, así es posible elegir dos soluciones que se crean funcionales, para lo cual hacer un cuadro de ventajas y desventajas permitirá comparar las soluciones y elegir la que se considere mejor realizar primero, luego se podrá accionar la solución pensada, que en su ejecución tendrá que ser evaluada (Gagliesi, Pechón, Boggianno, Stoewsand, s.f) .

En consecuencia, aprender a resolver problemas de manera adecuada, requiere un entrenamiento, que, a su vez, constituye un proceso intrínseco que está suscitado por la reflexión, la confianza en sí mismo y la motivación por
comprender la experiencia emocional individual. Cuando se percibe al conflicto como una oportunidad de aprendizaje, es posible generar cambios y trasformaciones que viabilizan la construcción pacifica de nuevos escenarios para
la cotidianidad que cada uno experimenta.

Melissa Morales Rúa

Psicóloga – Magíster en Terapia familiar y de pareja

BIBLIOGRAFÍA
Fuquen Alvarado, M. E (2003). Los conflictos y las formas alternativas de resolución. Tabula Rasa, núm. 1, enero-diciembre, 2003, pp. 265-278. Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia. [en línea].
Gagliesi, Pechón, Boggianno, Stoewsand. (s.f). Manual de entrenamiento en habilidades. Fundación Foro. Buenos Aires, Argentina.
Varela Nieto, M.A. (s.f). La resolución de problemas en la enseñanza de las ciencias. Aspectos didácticos y cognitivos. Tesis para optar al grado de Doctor. Facultad de ciencias de la educación. Universidad Complutense de Madrid.

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