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Ansiedad en niños y adolescentes ¿qué podemos hacer?

Ansiedad en niños y adolescentes ¿qué podemos hacer?

“Sandra tiene 10 años. Su padre tiene un nuevo trabajo en otra parte del país y lleva 8 meses viajando a casa los fines de semana. La familia está preparando su mudanza para poder pasar más tiempo juntos.

Los padres de Sandra siempre le han hablado de la mudanza en términos muy positivos y han optado por aprovechar las vacaciones de verano para cambiar de colegio a la niña.

A pesar del apoyo y la actitud positiva de sus padres, Sandra muestra signos de una ansiedad cada vez mayor. Los obstáculos más pequeños le parecen grandes problemas. No duerme bien y a menudo se despierta con pesadillas dos o tres veces cada noche.

Parece cansada y apática en la escuela, y ha vuelto a algunas conductas de su niñez, como querer tener una luz encendida en su dormitorio toda la noche.

Insiste en telefonear a su padre al trabajo todos los días, y tiene miedo de que pueda tener un accidente en su vuelta a casa los fines de semana.

Está preocupada por si su madre se olvida de recogerla del colegio, por si su hermano pequeño se pierde en una tienda e incluso porque no tendrá su equipo para el nuevo colegio y porque no sabe si hará nuevos amigos. Su lista de preocupaciones crece día a día”.

Párrafo tomado del libro de “Ansiedad en niños” de Deborah M. Plummer.

 

La ansiedad en los niños es un término cada vez más utilizado. Así como la historia de Sandra, los síntomas ansiógenos en la infancia se vincula con un estado de alerta alto en el sistema nervioso que lleva a la persona a altos índices de estrés y una respuesta fisiológica. Es normal que los niños están expuestos a episodios de estrés, pero cuando su respuesta es desbordante frente al estímulo los padres deben buscar ayuda de inmediato, para saber sobrellevar esto sobresaltos y principalmente brindarle al niño estrategias de afrontamiento dado que si esto no se soluciona podría generar el futuro un trastorno de ansiedad.

Es necesario hablar antes de cómo funciona el cerebro del niño para así entender la conducta, hay un aparte del cerebro llamada córtex prefrontal, esta zona es la encargada del control emocional y se desarrolla completamente a los 25 años, es decir, antes de ello esta parte está en desarrollo y por ende es fundamental ayudarle a el niño a la regulación pues ahí le estoy enseñando las habilidades necesarias para que por sí mismo más adelante las pueda utilizar, los padres son los encargados de darle las herramientas adecuadas para que los niños y los adolescentes puedan transitar por la emoción sin que estas los agobien.

 

La respuesta de los niños ante el estrés:

Sabemos que el estrés se da cuando una situación en particular, aumenta considerablemente los niveles de cortisol en el organismo y así mismo tiene consecuencias a nivel mental y físico.

En algunos niños estas situaciones de estrés tienen consecuencias físicas, esto puede generar apatía, accesos de llanto, dificultades en la concentración o el aprendizaje, bajo rendimiento escolar, alteraciones de patrones del sueño, dolores abdominales, dolores de cabeza y cambios de conducta entre otros. Normalmente las situaciones estresoras se pueden dar en relación al vínculo pero no necesariamente son las únicas, por eso la importancia de identificar qué situaciones estresoras pueden afectar el ritmo cotidiano del niño.

 

Para ello existen diferentes técnicas que podemos utilizar para el manejo del estrés:

Relajación: Los niños pueden aprender técnicas de relajación de forma divertida, a través del juego se le puede enseñar al niño las técnicas de relajación consciente, hacerlo regularmente traerá consecuencias positivas a la vida del niño ya que al incorporarlo a la vida diaria del niño traerá muchos beneficios para el o ella.

 

El juego: Las actividades que más contribuyen al alivio del estrés, es el juego, ahí el niño utiliza su creatividad, y su libre expresión para crear el juego las carcajadas que este incluye son conocidos por sus efectos antiestrés.

 

Contacto físico positivo: La liberación de oxitocina se realiza por el contacto físico, al recibir una palabra de amor,  mensaje positivo y las caricias, hacen que el niño tenga sentimientos de seguridad y confort.

 

 La imaginación: Es uno de los recursos más importantes de cada niño, pues ellos crean su mundo e interactúan a través de la Fantasía, la creatividad además de proporcionar un aprendizaje reduce también los niveles de cortisol que en sí son el síntoma del estrés.

 

Aunque bien se habla anteriormente sobre factores estresantes cotidianos de los niños y que deben generar una respuesta ante este estímulo, no podemos negar que hay otros momentos mucho más difíciles de procesar, la pérdida de un ser querido, cambio de residencia, colegio, separación de los padres, Bullying pueden ser situaciones con una carga más elevada de estrés, y en muchos casos puede llevar a desencadenar un trastorno de ansiedad, a continuación algunos de los trastornos de ansiedad más frecuentes en la edad infantil. Es importante resaltar que  para que pueda denominarse ansiedad,  debe tener dos características, tanto a nivel cognitivo (pensamientos)  como a nivel físico (los síntomas).

 

  • Trastorno de ansiedad por separación:

Este trastorno de ansiedad se debe a la excesiva preocupación y miedo cuando no están sus cuidadores primarios, el niño tiende al llanto y a la desesperación cuando no está cerca de sus cuidadores, estas separaciones pueden ser cortas, sin embargo la respuesta del niño siempre será la misma.

 

  • Trastorno obsesivo compulsivo:

Este trastorno refiere a las obsesiones, que quiere decir imágenes y pensamientos recurrentes en la mente del niño sobre una cosa o situación, y las convulsiones qué son actos mentales o comportamientos que se repiten, algunos de estos comportamientos en la infancia pueden ser los rituales a la hora de dormir o despertarse, estos rituales se deben de cumplir a cabalidad diariamente de lo contrario se saldrá de lo habitual y generará caos en el niño.

 

  • Fobia:

La fobia es un miedo excesivo y racional sobre un objeto o una cosa, en los niños las fobias más comunes son hacia los animales, insectos, sangre, alturas y sitios cerrados. Estos pueden desencadenar en el niño síntomas físicos que le genera un malestar significativo.

 

 Los síntomas físicos: Estos pueden ser temblores, dificultad para respirar como sensación de ahogo, dificultad para dormir,  entumecimiento, aumento, aumento de la frecuencia cardíaca, sensación de mareo, escalofríos o sofocos.

 

Si tu hijo presenta algunos de estos síntoma al estar frente a un estímulo, es importante consultar un psicológico que pueda abordar la problemática y dar herramientas tanto al niño como a los padres, ya que estos desempeñan un papel fundamental y esencial en el proceso de tratamiento del niño.

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